Julio Bécquer: Un destino marcado para el béisbol

Con una vida entera dedicada al béisbol, Julio Bécquer todavía cree que el azar fue el gran protagonista en su carrera como pelotero.

Graduado de Maestro Agrícola en un instituto en Pinar del Río y parte de una familia de ocho hermanos, seis varones, donde no existían antecedentes en este deporte, nada presagiaba que su destino estaría ligado para siempre a un terreno de pelota.

“Yo trabajaba como pagador regional en la compañía Arellano y Mendoza en la provincia Las Villas en 1951 y después de finalizar la labor diaria salía a jugar en placeres con mis amigos para divertirme’’, expresó Bécquer.

“Un jugador que militaba en las Ligas Menores en Estados Unidos, Jesús García, me vio y me invitó a participar en un equipo de la liga invernal profesional en Santa Clara en calidad de suplente. Por alguna razón que desconozco el primera base titular del club se rehusó a continuar compitiendo y allí la suerte me dio su primera señal’’.

Tenía 20 años y de esa manera comenzaba de forma oficial el itinerario por las bolas y los strikes de este hombre de tez morena, de hablar pausado y elegancia en sus modales, que conversó con el Nuevo Herald tras ser exaltado el pasado domingo al Salón de la Fama del Deporte Cubano.

“Cuando ya llevaba varios partidos como regular en esa liga Adolfo Luque estaba en las gradas como buscador de talentos y me recomendó para que los Tigres de Marianao me contrataran como reservista’’, comentó Bécquer, quien nació en La Habana el 20 de diciembre de 1931.

Pero otra vez la fortuna tocó a su puerta para allanar su camino al estrellato.

“Lorenzo “Chiquitín’’ Cabrera, el titular de la posición, se había ido a jugar con La Habana y eso permitió mi estreno en la alineación regular de la novena en la contienda de 1952’’.

Ese mismo año, Luque, uno de los más grandes jugadores en la historia del béisbol en la isla, le aconseja al conocido reclutador estadounidense Joe Cambria que firmara al joven antillano, que por $200 comenzó a militar en la organización de los Senadores de Washington, en las Grandes Ligas.

“Llegué a Estados Unidos en 1952 y me asignaron al Geneva, un equipo de clase C’’, recordó Bécquer. “Jugué apenas un mes porque esa liga se disolvió’’.

Después de pasar tres temporadas en las Ligas Menores de la franquicia de la capital, Bécquer recibió la llamada más esperada para un pelotero y debutó en las Mayores el 13 de septiembre de 1955. Jugó en 10 encuentros y promedió .214.

Pero la gerencia en Washington no lo contemplaba en los planes inmediatos y lo regresó a sus sucursales en 1956.

En los doce meses posteriores vuelve al conjunto grande y completa 419 juegos hasta su última contienda en 1960, con un equipo acostumbrado a permanecer casi siempre en el sótano de su liga.

“Yo no era un hombre de poder y sabía que mi guante era mejor que mi bate, por eso me limitaba a tratar de hacer bien mi trabajo’’, reflexionó con extrema modestia Bécquer, un primera base zurdo bien defensivo que alternó en esa posición con Roy Sievers y el miembro de Cooperstown Harmon Killebrew.

En 1961 pasa a los Angelinos de Los Angeles donde participó en 11 desafíos para luego recalar en los Mellizos de Minnesota, nuevo nombre con el que se bautizaron para esa fecha los Senadores de Washington y su dueño Calvin Griffith.

Regresa a las Menores hasta 1963 cuando recibe una llamada de Griffith que nunca olvidará.

“Yo necesitaba una semana para calificar para mi pensión de las Mayores y no estaba al tanto de esa situación’’, rememoró Bécquer.

“Me encontraba jugando en México y él compró mi contrato y me reintregró a los Mellizos para que yo pudiera retirarme con decoro. Ese hombre fue como un padre para mí y lo recuerdo con mucho respeto’’.

Pero si en las Mayores Bécquer nunca pudo jugar a tiempo completo, en La Habana otra historia más feliz la escribiría con el Marianao.

Ganó dos campeonatos con el equipo en 1957 y 1958 y se coronó en las dos ediciones correspondientes de las Series del Caribe en esos dos años.

En la última serie del béisbol profesional en Cuba, 1961, alcanzó el liderato en jonrones con 15 y en impulsadas con 50, méritos suficientes para ser seleccionado como el primera base del Todos Estrellas del campeonato.

“Cuando repaso mi carrera como pelotero mis mejores recuerdos los guardo en mi etapa con el Marianao’’, enfatizó Bécquer, quien siente mucho orgullo por compartir los mejores años de su vida con jugadores de la talla de Orestes Miñoso, Camilo Pascual, Tony Oliva, Pedro Ramos, José Valdivieso, Zoilo Versalles, Rogelio Martínez, Evelio Hernández, Rogelio Alvarez y René Friol, entre otros.

Con residencia fija en Minneapolis, Minnesota, Bécquer se muestra en perfectas condiciones físicas y mentales a sus 80 años y sólo lamenta la muerte en el 2007 de su esposa Edith Martínez, su compañera inseparable en un matrimonio de cinco décadas.

Dos hijos y varios nietos marcan los días de este eterno pelotero que hoy dedica su tiempo a dar clínicas de béisbol a niños entre los 8 y los 14 años de edad en cinco estados.

“Mi vida siempre estuvo ligada a un terreno de pelota y creo que así será hasta la jugada final’’, sentenció Bécquer.

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4 Comments

Yo lo vi jugar mucho en el baseball de Cuba cuando era la primera base del equipo de Marianao y siempre senti mucha admiracion y respeto por el, a pesar que mi equipo favorito era el Almendares, que tiempos aquellossssss es una lastima que se hayan visto truncados por ese gobierno que llego a nuestrfa isla, en aquellos tiempos nosotros eramos los que mas peloteros teniamos en las Mayores y esos 4 equipos pasaran para la historia como uno de los mejores de nuestra patria.
Al menos le doy las gracias a Dios que lo pude disfrutar pues yo era un muchacho de 13 o 14 anos en esa fecha, hoy en dia termino mi vida en Carolina del Norte donde hace 34 anos resido pero esos tiempos no se olvidaran jamas ni se iran de mi mente, gracias a todos esos peloteros por los buenos momentos que nos dieron.

Creo que somos de la edad, yo del 48, Me pasa lo mismo, recordando el buen beisbol que vivimos. Yo en Caracas ,aunque soy de La Guaira por que era El Pampero a quien seguía porque jugaba Manuel González y Lucio Celis pichers que eran de San Agustín. Todavía salgo a botar la basura, al regresar, hago el tiro a home desde el Right, de Roberto Clemente. Por supuesto en línea y un bound. Out que canta Olivo. Un abrazo

excelente amigo.

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